
El próximo 28 de julio, el Parlament de Catalunya puede poner punto y final a una tradición de nuestro país, a un símbolo cultural milenario, a una fiesta popular: las corridas de toros.
La Iniciativa Legislativa Popular, que actualmente se encuentra en la última fase parlamentaria, puede finiquitar la libertad de miles de catalanes que se consideran amantes de los toros. Y la puede finiquitar por la puerta de atrás, en un debate totalmente heterogéneo. Si realmente las asociaciones que defienden la prohibición, desean que la tauromaquia desaparezca, que la dejen morir sola con el paso de los años, porque la realidad es que cada vez son menos las personas que acuden a la plaza. La cuestión es: ni prohibición ni protección.
Me gustan los toros, no me escondo, en absoluto. Cuando uno cree en algo, lo defiende hasta el final.
Sin duda, el 28 de julio, perderá la cultura, pierde nuestra libertad, pierde uno de los emblemas históricos de nuestro país, guste a quien le guste. Pierde Barcelona y la Monumental, y pierde una de las mejores aficiones taurinas.
La tauromaquia en Catalunya, hace no tanto tiempo, mantuvo a todo el mundo unido. Ideologías aparte. Ahí está el President Companys, Miró, Dalí, Picasso, Barceló, y un tan y tan largo etcétera que basta mirar hacia atrás para ver las raíces taurinas de Barcelona. Sin traicionar la Memoria. Porque quien olvida su historia, está condenado a repetirla.
1 comentarios:
Seguramente tengo antepasados que ligaban dandole un golpe en el cràneo a la churri que les molaba y luego se la tiraba en una cueva.
No por formar parte del pasado nada es bueno. Y los toros son una salvajada.
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